tango y sirena




Ya conoces mi indómita marea,
un oleaje bravío de tango y sirena.
Pero hay un deseo de anclaje
que te trae a mis puertos,
a mi bahía de luna que se entrega.
Y te bebes de un sorbo,
mi boca huracanada,
enredado en naufragios y poemas.
Arrojado a la orilla de mis piernas
con el cielo en las manos,
cavas en mi cuerpo tus palabras
y me dejas con sigilo
mientras duermo:
tu espuma de varón,
tus  castillos de arena.

©Germana Martin

un scargot glisse sur toi



Boca abajo 
a cielo abierto 
un caracol se desliza tibio sobre tu espalda 
y con su baba dorada pinta un camino nuevo de caricias 
¿quién le dijo a la primavera que regrese 
cuando vos me mirás desde tan lejos 
y yo me quedo aquí, perdida entre mis pétalos?
 


©Germana Martin

a mis amigos poetas


Ellos beben las palabras como el vino,
embriagándose de amores, 
saboreando el licor de las estrellas.
Ellos cantan como druidas suburbanos,
con la voz del silencio: 
el fuego y la belleza.
Ellos tejen revoluciones solitarias, 
hasta quedarse desnudos 
como fieras.
A veces doloridos por la herida
se convierten en dragones 
o cometas...
Pero siempre, 
son príncipes y azules,
con sabor a tabaco y a revuelta.
Y me dejan, al rozarme con su aroma,
hecha mujer 
de sangre y de poesía,
hecha mujer
de sonrisa y madreselva.

©Germana Martin

no vengas a parirme

¿cuántas formas hay de decirte adiós?
puedo sugerir que saques tu rayo de mi vientre
que me sueltes las redes del cabello
que liberes mis tormentas de tus ojos
puedo mirar hacia otro nido
otro pecho otro cielo otra cáscara abierta
y dejar de buscarte en las hojas violetas del río
o suicidada y tozuda
puedo arrojarme al barco que naufraga
y hundirme en este océano de sales y medusas
en esta sangre que gotea como baba de miedo

pero puedo simplemente
hoy
decirte adiós
desenredando mis largas piernas de las tuyas
soltando mis amarras de tu fuego
de los corales de tus dedos
de la tibia balsa de tu cuerpo

y descubrir con alivio y sorpresa
esta luna preñada de mí misma
que se asoma para crecer
en mi tierra deshabitada y fértil
que sólo yo
vacía de mí
sola de mí
madre de mí
fecundo y gesto

no vengas a parirme

voy a nacer de nuevo
del silencio.

©Germana Martin

nuestra huída


estás allí
rendido
aplastando los minutos
con los dedos
bebiéndote las estrellas
hasta el fondo del universo
emborrachándote solo
caído a pedacitos
aferrado al peñasco de hielo
de esta ausencia
mirando desde lejos
el abismo del último abrazo
arañando el nido
deshuesando el dolor
de no estar juntos
estoy aquí
perdida
rodeada de fantasmas
que no tienen consuelo
que salen a buscarnos
en las frutillas
los taxis
las gaviotas
en un paranacito
que se secó de besos
y esta tormenta
que nos sigue
nos sigue
a todas partes
nos arroja
desnudos
al naufragio
y entonces tiemblo
pensando en mis mareas
que se quedan sin vos
y sin tu dulce faro
sigo cargando
con esta luna herida
que se asoma cada noche
en los espejos
preguntando
por la rubia mañana
que dormía a tu lado
enredada en tu aliento
y en tu pelo
hoy
sola se despierta
sin orilla ni río
con palabras perdidas
en los barcos hundidos
con tus brazos anclados
en puertos de silencio.

©Germana Martin

rumor



hay un rumor extraño entre los pinos
es tu voz de poeta con aliento a sol
tu mirada de lago me sostiene
en nuestra profunda soledad
donde vos te asomás a mi océano
y yo me despeñasco en tu silencio
y ruedo, 

ruedo eternamente
al amor que perdimos.

©Germana Martin

sucede que me ama


Cuando sucede lo que sucede, 
dejo de revolver cajones, saltar escombros, 
desmigajar recuerdos. 
Abro todas las ventanas 
y compruebo entonces 
que hay dos soles, 
dos lunas, dos silencios. 
Dejo de mirar hacia adelante o hacia atrás 
y sólo miro hacia dentro, 
donde habita él y su misterio. 
Me olvido de semáforos, relojes, 
despedidas, señales. 
Cuando sucede lo que sucede, 
el celular al sonar se vuelve campanario, 
repleto de golondrinas, 
y entonces corro, me despliego, 
me ovillo, me hago manta y estela.
Y todo, pero todo, tiene un sabor desconocido: 
su zumo de varón, 
su marea de semen, 
su labio de frambuesa. 
Consulto oráculos inciertos, 
deshojo margaritas solitarias 
y hasta veo su rostro en los espejos 
Cuando sucede lo que sucede, 
decido hacer arder el bosque 
con un incendio de poemas. 
Y siento que mis piernas se vuelven lentos arcos, 
curvados puentes, para que corran sus ríos y simientes. 
Y entonces de mi vulva se deslizan hebras de miel 
para el encuentro con su boca 
Abro los cerrojos, levo los puentes, 
dinamito los muros, 
e invito al desembarco de sus naves 
Le ofrezco lo más tibio, lo más húmedo, lo más cierto, 
mi orquídea primitiva. 
Cuando sucede lo que sucede, 
Él toma de rehén 
cada mirada, cada piel, 
cada beso, cada gesto. 
Y me deja de pie, 
desnuda de preguntas, 
frente a sus ojos, 
con la boca de rosa, 
con el plexo de mar, 
con el cielo fecundo, 
Él me siembra de amor 
y deshace mis pétalos. 

©Germana Martin

talo lunas



talo lunas entre tus palabras 
libo el zumo del dolor
mido mi propio muro
busco en tus rayas
la señal que dejaste
ajada soledad
pálida salina
como un sol colgando
sin guirnaldas
como un secreto o un destello
como si la vida se acabara
en estas piedras
pero
obcecada
mi enredadera trepa por tus lianas
te brota y te conjuga
te bebe a sorbos
te abraza como hueles
y te borra las rayas
una
a
una
acaricia la pena del silencio
y dibuja en tu boca su poema.

©Germana Martin

las bien paridas

Mujeres preñadas por nosotras mismas,
por los rayos de la luna
o el semen de la tierra.
Mujeres de éxtasis y malva,
de flora marina en las  caderas,
de furiosa tormenta entre las piernas.
Mujeres revueltas, prohibidas, guturales,
enredadas, translúcidas, inciertas.
Paridas, renacidas,
arrojadas de pie, frente a la hoguera.
Llevadas de la mano y de las letras.
Mariposas de seda, madre-selvas.

                                                                 A Mixoleta, en su cumplevida
©Germana Martin

germinando

Cielo adentro,

útero con alas,

tierra de lunas, 
fértil enredadera

que trepa

incansable

a los Misterios.
Así me sueño: 
mujer de barro y brisa, 
mujer corteza y fuego, 
mujer nube huracanada, 
mujer de savia que riega el firmamento 
germinando

palabras,

ríos

silencios


©Germana Martin

mujer raíz





Hundo mis raíces 
en el humus ancestral de mi tibia caverna, 
útero y morada.
Y desde allí ascienden mis latidos minerales,
este fuego universal que viaja por mis venas, 
esta lava dorada de sangre lunar.
Es aquella savia de estrellas milenarias 
la que llena de rocío mis ojos, 
la que acompaña el pulso de mis tiempos, 
y sostiene a esta Mujer Raíz, 
esta red de milagros y nutrientes 
que levanta desde el fondo de mi cielo 
un horizonte de bengalas... 
Nazco desde el corazón de la galaxia,
atravieso musgos y cometas,
para enraizar en esta tierra azul, 
para irrumpir levísima en el aire 
y florecer en mí.
Esta que soy.
Esta que sueña. 
Esta fruta de mares y tormentas.



©Germana Martin

de príncipe a sapo




Mi mirada de bruja
erosiona el misterio
y te transforma de repente
de príncipe en sapo.
Son esas noches abismales
en que sigo tus huellas,
a tropiezos,
dando saltos mortales,
resbalando y cayendo.
Mi sapo verde oro.
Mi sapo fría escama.
Hombre de profundas cuevas,
habitante de mis laberintos,
pasajero serpenteante.
Macho de voracidad insomne,
ebrio de canto atragantado.

Pero llega el día y mi  conjuro
te convierte en este sapo ya sin cuentos,
desvestido de azules innombrables.
Te nace un sol en medio de la frente
y embarcas  tus estrellas
con rumbo hacia mi cuerpo:
esta laguna de cielo sin amarras
donde nadamos juntos.
Sapo diamante.
Sapo cristalino.
Sapo esmeralda.
Abro los ojos.
Despertamos
al hechizo cotidiano.
Y entonces eres el de siempre:
espejo irremediable
de mi triste princesa.
Hombre que le duele
a esta mujer de tinta,
a esta niña con trampas.

©Germana Martin

huesos





Desenterrando huesos.
Limpiándolos, despuntándolos, 
reconociéndote en ellos,
armando una guirnalda de cicatrices, recuerdos.
Abismos del pasado, 
cada hueso me trae
la verdadera savia de la tierra: 
corruptible, hecha y deshecha en miradas y gusanos.

Y entonces mi caricia de Eva-sin-nombre, 
sin rostro, sin hollejo,
te hace brotar una margarita entre las piernas:
la que te deja despertar entre tanto escombro óseo,
germinando nuevamente los miembros en la vida:
firmes, sueltos, flexibles, 
libres de cadenas.
Huesos como tibias barcas de papel.
Huesos que se perfuman de vainillas y mareas.
Huesos vagabundos.
Huesos que bailan al son de la risa 
y se estiran al cosmos.
Huesos que penetran el alma 
como una estaca de rosas
para que brote miel, silencio, fuego.

La vida hecha peligro, en manos de tus huesos.

©Germana Martin


borrachera


el poema
ebrio de palabras
se hunde en la noche
y sostiene el cielo con su popa
mientras el mundo descansa,
ignorando las saladas heridas 
los mudos naufragios 
y el sabor imborrable
que se duerme en mi boca:
la embriagada certeza
de tu fruta divina



©Germana Martin

despertar


he nacido
de los juncos del sol
esta mañana
y arrojada a mis pasos

me convivo

toda sola de mí
tibia en membrillos
acunada de abrazos
y de días
me deslizo
del cielo a la pereza

©Germana Martin

llueve


el refugio de la lluvia
saberla allí
definitiva en sus señales
sentirla sobre el tejado viejo
su golpeteo en la ventana
su cuándo cesará
su nostalgia
su incertidumbre
su persistencia
su ronroneo en la gotera olvidada
nunca llueve fuera
nunca
siempre llueve
en el cielo
dentro nuestro

©Germana Martin